La Historia de la Humanidad
es la historia de la estupidez Humana.

31 de diciembre de 2017

"Odio el año nuevo" por Antonio Gramsci


Resulta curioso aquellos que tratan la celebración del año nuevo como si fuera una especie de exorcismo de los pasados 365 días. No me atrevo a decirles que es tan sólo un cambio de calendario.

Se suele pensar que este ritual -casi pagano- de transición, evoca al cierre de un ciclo y el inicio de uno nuevo. Sin embargo, la idea de los ciclos es, realmente, una negación de la historia: La creencia de que soy libre del pasado sólo por cambiar un número en el calendario. No. La historia continúa y las metidas de pata de ayer tenemos que enmendarlas hoy. Empieza de cero el que nace, el resto sólo podemos reinventarnos, y eso se puede hacer todos los días, y no una vez al año. Si tanto les gustan  los ciclos, entonces hagan ciclos todos los días.

Otros ven la celebración del año nuevo como una excusa para "liberarse" (del estrés de la horrible vida "normal") y hasta para ser solidario para con tod@s. Y aunque no estoy en contra de soltarse y, menos aún, de mostrarse solidario hacia los demás, lo malo es hacerlo sólo en fechas específicas, lo cual en realidad demuestra la poca libertad que tenemos como seres humanos, de que necesitamos días-excusas para ser lo que somos o quisiéramos ser.

Tristemente -para mi-, este pensamiento no es nada nuevo. Ya algo parecido habría dicho un marxista muy reconocido, Antonio Gramsci, hace 100 años. Por supuesto, dejaré su artículo al final de mis comentarios, pero no sin antes citar la siguiente frase: "Quiero que cada mañana sea para mi año nuevo. Cada día quiero echar cuentas conmigo mismo, y renovarme cada día. Ningún día previamente establecido para el descanso. Las paradas las escojo yo mismo, cuando me siente borracho de vida intensa y quiera sumergirme en la animalidad para regresar con más vigor."
Odio il Capodanno

Cada mañana, cuando me despierto otra vez bajo el manto del cielo, siento que es para mí año nuevo. De ahí que odie esos año-nuevos de fecha fija que convierten la vida y el espíritu humano en un asunto comercial con sus consumos y su balance y previsión de gastos e ingresos de la vieja y nueva gestión.

Estos balances hacen perder el sentido de continuidad de la vida y del espíritu. Se acaba creyendo que de verdad entre un año y otro hay una solución de continuidad y que empieza una nueva historia, y se hacen buenos propósitos y se lamentan los despropósitos, etc., etc. Es un mal propio de las fechas. Dicen que la cronología es la osamenta de la historia; puede ser. Pero también conviene reconocer que son cuatro o cinco las fechas fundamentales, que toda persona tiene bien presente en su cerebro, que han representado malas pasadas. También están los año-nuevos. El año nuevo de la historia romana, o el de la Edad Media, o el de la Edad Moderna. Y se han vuelto tan presentes que a veces nos sorprendemos a nosotros mismos pensando que la vida en Italia empezó en el año 752, y que 1192 y 1490 son como unas montañas que la humanidad superó de repente para encontrarse en un nuevo mundo, para entrar en una nueva vida.

Así la fecha se convierte en una molestia, un parapeto que impide ver que la historia sigue desarrollándose siguiendo una misma línea fundamental, sin bruscas paradas, como cuando en el cinematógrafo se rompe la película y se da un intervalo de luz cegadora.

Por eso odio el año nuevo. Quiero que cada mañana sea para mi año nuevo. Cada día quiero echar cuentas conmigo mismo, y renovarme cada día. Ningún día previamente establecido para el descanso. Las paradas las escojo yo mismo, cuando me siente borracho de vida intensa y quiera sumergirme en la animalidad para regresar con más vigor.

Ningún disfraz espiritual. Cada hora de mi vida quisiera que fuera nueva, aunque ligada a las pasadas. Ningún día de jolgorio en verso obligado, colectivo, a compartir con extraños que no me interesan. Porque han festejado los nombres de nuestros abuelos, etc., ¿deberíamos también nosotros querer festejar? Todo esto da náuseas.

Espero el socialismo también por esta razón. Porque arrojará al estercolero todas estas fechas que ya no tienen ninguna resonancia en nuestro espíritu, y si el socialismo crea nuevas fechas, al menos serán las nuestras y no aquellas que debemos aceptar sin beneficio de inventario de nuestros necios antepasados.

Antonio Gramsci, Turín, 1º de enero de 1916.
* Tomado del Libro “Bajo la Mole - Fragmentos de Civilización”, de Antonio Gramsci. Editorial Sequitur, Págs. 9-10.

27 de diciembre de 2017

De cómo el nacionalismo intenta matar al multilateralismo

El nacionalismo, que divide entre "ellos" y "nosotros", no reconoce la importancia de la cooperación para la supervivencia.
El siglo XX comenzó con el auge del nacionalismo. Suelen decir que la historia es cíclica, que todo se repite, pero espero que no sea así. Y es que la última vez que el nacionalismo tuvo su gran auge empezó la Primera Guerra Mundial. Eso fue hace 100 años. Y ese multilateralismo, construido tras la Segunda Guerra Mundial "para el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional"[1], se encuentra en serios aprietos tras el nuevo auge del nacionalismo en la actualidad.

Volviendo al nacionalismo renaciente, cabe acotar que ella no viene sola. El nacionalismo es una enfermedad transmitida por la plaga de la "derecha", que ha evolucionado hasta convertirse en una derecha "izquierdosa" en algunos casos, por lo general latinoamericanos. El auge de gobiernos de derecha alrededor del mundo es un claro indicador del creciente nacionalismo.

Los casos más evidentes es el Brexit y la asunción de Trump en la presidencia. Pero me interesa más enfocarme en lo que ha sucedido en la política exterior de EE.UU.

Con su lema de campaña "Estados Unidos primero", Trump ha dado en el clavo de muchos estadounidenses que creen que su país se enfoca más en los problemas en el extranjero que en los problemas domésticos. De hecho, inclusive hasta la izquierda más "revolucionaria" se sintió atraída hacia Trump durante la campaña por ese planteamiento.

Vamos a ir repasando lo que ha hecho Trump hasta el momento como política exterior:

1. Si no me gusta, me retiro:

Trump retiró a su país de la Asociación TransPacífico (TPP), firmada en 2015 con once países de Asia-Pacífico –entre los que no estaba China– y que representan el 40% de la economía mundial. En su lugar, el presidente quiere negociar tratados “bilaterales” para “traer los empleos y las industrias a suelo estadounidense”.

El 1 de junio Trump anunció el retiro del acuerdo de París al que llegaron 195 países en 2015, con la intención de buscar “un nuevo acuerdo” mundial sobre cambio climático. Calificó al acuerdo de París de “muy injusto” para su país, aduciendo que permitirá a otras naciones sacar ventaja sobre la industria estadounidense. El retiro efectivo no ocurrirá antes de noviembre de 2020.

Estados Unidos anunció el 12 de octubre que se retiraba de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), a la que acusa de ser “anti-israelí”. Conservará el estatus de observador hasta su retiro efectivo a fines de 2018.

En diciembre, Estados Unidos puso fin a su participación en el Pacto Mundial sobre Migración por estimar que incluye “disposiciones que son incompatibles con las políticas” de Trump en materia de inmigración y refugiados. En septiembre de 2016, los 193 miembros de la Asamblea General de la ONU, aprobaron por unanimidad la Declaración de Nueva York para los refugiados y los migrantes, que busca mejorar en el futuro su gestión internacional.

2. A mi manera es mejor (renegociar):

Trump se comprometió a “destrozar” el acuerdo nuclear firmado en 2015 entre Irán y el grupo 5+1 (Estados Unidos, Reino Unido, Rusia, China, Francia y Alemania). Finalmente solo se negó a “certificar” que Teherán respeta sus compromisos, a pesar de las garantías de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA), y dejó en manos del Congreso la decisión sobre el futuro del acuerdo.

También emprendió nuevas negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA, por sus siglas en inglés) que une desde 1994 a Estados Unidos, Canadá y México. Trump afirma que ese acuerdo contribuyó a trasladar a México millones de empleos industriales. Es más conciliador con Canadá, el primer destino de las exportaciones estadounidenses y su primer suministrador de petróleo. Si las negociaciones para una versión “mejorada” del TLCAN no llegan a buen término este año, Washington lo abandonará y negociará acuerdos bilaterales con sus dos vecinos.

Trump pide una reforma de la ONU, de cuya “burocracia” y “mala gestión” es crítica. Cabe destacar que Washington es el primer financista de las Naciones Unidas. La embajadora norteamericana Nikki Haley ha destacado que Washington estaba evaluando su “nivel de compromiso” dentro de “todos los organismos del sistema de Naciones Unidas”.

3. Más te vale... (Amenazar)

Trump llegó a calificar a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) de “obsoleta”. Luego rectificó y pidió a sus aliados que aumenten sus presupuestos militares. Cayó muy mal cuando, en mayo no dio su apoyo explícito al “artículo 5”, que prevé que los aliados le den su apoyo a uno de sus miembros en caso de agresión exterior.

La Organización Mundial de Comercio está en la mira de Trump. En la reunión del G20 en julio en Hamburgo, el secretario del Tesoro norteamericano, Steven Mnuchin, no descartó renegociar los acuerdos multilaterales que el organismo prevé poner en vigor. Los reglamentos de la OMC podrían impedir a Washington aplicar su proyecto de “Border Adjustement Tax” (tasa de fronteras) que le daría ventajas a sus exportadores y castigaría a los importadores. Pero la iniciativa divide al propio gobierno estadounidense. Trump la encuentra “demasiado complicada”.

Recientemente, tras la decisión unilateral de ubicar la Embajada de Estados Unidos en Jerusalén, un grupo de países propuso tanto en el Consejo de Seguridad (que no tuvo éxito por el poder de veto de EE.UU.) como en la Asamblea General de Naciones Unidas, el rechazo a la acción estadounidense. Ante ello, Trump amenazó con eliminar todo tipo de ayuda financiera a cualquier país que vote en contra de EE.UU. De hecho, con esa amenaza Trump logró 9 votos a su favor y 35 abstenciones.

A través de la historia, EE.UU. se ha caracterizado por su unilateralismo, es decir, actuar sin importar lo que los demás piensen, pero Trump lo ha llevado más allá, pudiendo provocar que otros países actúen de la misma manera y colocando en riesgo la cooperación entre países en diversos temas.

La escena se repite en otros países, como el ya nombrado Brexit, pero también el retiro de Venezuela en la OEA (aunque Venezuela tiene un discurso social de izquierda, también posee un verbo nacionalista de derecha), el posible retiro de Argentina de la UNASUR [2], el retiro de Colombia del Pacto de Bogotá [3] (Pacto que reconoce la jurisdicción de la Corte Internacional de Justicia) y hasta el desacato del gobierno brasileño de aplicar las medidas cautelares de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para impedir la construcción de la represa de Belo Monte[4]. Todos ellos ocurren bajo el mismo argumento: el "interés nacional", pero habría que comprender que (o quién) entienden ellos por "nación".

Sin embargo, casos más alentadores existen por parte de otras grandes potencias, como lo es China, que probablemente desee aprovechar el protagonismo en los espacios multilaterales que EE.UU. poco a poco va abandonando. A pesar de ello, de momento, el tiempo dirá que ocurrirá con el multilateralismo.

Notas:
  1. Según señala el artículo 1 de la Carta de las Naciones Unidas: http://www.un.org/es/sections/un-charter/chapter-i/index.html
  2. "Argentina estudia abandonar la Unión de Naciones Suramericanas", disponible por: http://www.el-nacional.com/noticias/mundo/argentina-estudia-abandonar-union-naciones-suramericanas_215345
  3. "Santos pide unidad nacional tras retiro del Pacto de Bogotá". Disponible por: http://www.eltiempo.com/archivo/documento/CMS-12404827
  4. "Brasil se enfrenta a la OEA por la construcción de una central hidroeléctrica en la Amazonia". Disponible por: http://www.elmundo.es/america/2011/04/05/brasil/1302036122.html

27 de noviembre de 2017

Los que se quieren quedar en Venezuela


En la actualidad, mucho se ha dicho sobre los venezolanos que se marchan del país en búsqueda de mejores condiciones de vida ante la crisis económica, e incluso se ha dicho mucho de aquellos que la pasan mal en otro país y no les queda más remedio que regresar. Pero esto no va de uno ni lo otro, sino de aquellos, venezolanos y extranjeros, que a pesar de todo, se quieren quedar, aun teniendo los medios para irse del país.

Desde la época colonial hasta inicios del siglo XXI, Venezuela sólo estuvo acostumbrada a la afluencia de inmigrantes. Una importante oleada de migrantes vendría a partir de la Segunda Guerra Mundial: españoles, italianos y portugueses se establecieron en Venezuela y echaron raíces, permeando la cultura venezolana hasta la actualidad. Venezuela es, en cierta manera, cosmopolita, en tanto en ella se mezclan las culturas indígenas, europeas, africanas, asiáticas e incluso árabes.

Podríamos señalar como una última gran oleada de migrantes la que provino de su vecina Colombia. El conflicto interno colombiano provocó muchos desplazamientos hacia Venezuela durante décadas, muchos de ellos en condición de refugio. Todo esto da una idea del contexto de un país que ha sido tradicionalmente receptor de migrantes.

Un artículo de la BBC se hacía esta pregunta: ¿Por qué los extranjeros que podrían irse de Venezuela deciden quedarse?[1] Acudieron a varios extranjeros para hacerles esa misma pregunta, y para la cual obtuvieron respuestas, en su mayoría románticas, asociadas al arraigo y al cariño que sienten por el país que los acogió en sus momentos más duros, así como también algunos de ellos apuestan por la pronta recuperación del país y otros porque tienen los medios para sacarle provecho a la crisis (especialmente aquellos con ingresos en dólares).

Es muy difícil determinar cuantos extranjeros hay en el país, especialmente porque el gobierno no es muy dado a compartir estadísticas.  Pero en cuanto a refugiados podemos ver que aún muchos extranjeros solicitan protección del Estado venezolano. Según el ACNUR, en Venezuela se estima que existen unas 173 mil personas refugiadas o con necesidad de protección internacional, pero realmente reconocidas, hasta diciembre de 2016, hay 7.461. Un 98% de ese grupo son hombres y mujeres colombianas que, muchas veces por temor, se resguardan para no ser reconocidas[2].

Para la gran mayoría de los extranjeros en Venezuela, después de tantos años, regresar a su país de origen implica reintegrarse a un país que ya no conocen. Son precisamente ellos los que conocen lo difícil que es adaptarse a un país que no es el suyo, por ello se lo piensan dos veces antes de volver a pasar por ello. Además, muchos destacan algunas ventajas de Venezuela: el clima, la pasión, la apertura de los venezolanos y hasta sus hermosas mujeres.

Pero no sólo podemos hablar de personas, sino también de empresas. Cientos de multinacionales operan en Venezuela, incluyendo Procter & Gamble, Chevron y Telefónica; ¿Por qué no se han ido las grandes multinacionales del país aún cuando el ambiente para los negocios es completamente hostil? Aunque suene contradictorio, una empresa obtiene más ingresos cuando hay mayor riesgo, si no es que algo la desploma primero. Ninguna empresa está dispuesta a abandonar un mercado salvo que llegue un punto de colapso o de no retorno, y la economía venezolana es demasiado rentable como para que una empresa decida dejarle un hueco que ya tiene a otra empresa[3]. Por eso seguiremos viendo a Coca-Cola y a McDonalds en las calles de Venezuela durante mucho tiempo todavía.

Además, hay algo muy básico que aplica tanto para las empresas como la gente de a pie: los dólares están en control del Estado y no son de fácil acceso. Si no hay dólares, ¿cómo te vas a ir? ¿Qué vas a hacer con la plata de la casa o del edificio que vendiste? Salir del país "no es soplar y hacer botellas".

En lo personal, no me iría de Venezuela, a no ser que se me apareciese una oferta de trabajo irresistible, o por una razón fuertemente personal. Y es que lo voy a resumir de una manera muy breve: Prefiero quedarme aquí a luchar.

Notas:

  1. "Por qué los extranjeros que podrían irse de Venezuela deciden quedarse". Disponible por: http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-41259842
  2. "ACNUR Venezuela: 'A pesar de la crisis, refugiados prefieren quedarse y trabajar'". Disponible por: http://www.panorama.com.ve/experienciapanorama/Acnur-Venezuela-A-pesar-de-la-crisis-refugiados-prefieren-quedarse-y-trabajar-20170707-0007.html
  3. "¿Por qué las multinacionales no se van de Venezuela?". Disponible por: http://www.bbc.com/mundo/noticias/2014/02/140205_venezuela_economia_transnacionales_dp

22 de octubre de 2017

Cómo ganar unas elecciones perdidas


Si algo aprendí de Frank Underwood en House of Cards es que las elecciones pueden "arreglarse". Es importante el uso de los verbos, dado que el "fraude" se puede entender como alterar votos, mientras que "arreglar" una elección implica alterar las condiciones del voto. Frank ganó evitando que sus opositores voten, algo similar a lo sucedido en Venezuela.

Pero regresando al House of Cards, Frank Underwood, en su quinta temporada, a pesar de perder gana la presidencia. Ello no es absurdo, ya ocurrió el año pasado con Trump y en el primer período de Bush hijo, quienes ganaron a pesar de tener un número menor de votos. Todo ello es debido al complejo sistema político que se ha inventado el ser humano, en este caso los estadounidenses.

[SPOILER ALERT SOBRE HOUSE OF CARDS]

Apoyándose en la sensación del momento, Frank Underwood utiliza el terrorismo para cerrar centros electorales, supuestamente amenazados por grupos extremistas islámicos, dando la casualidad que dichos centros electorales han sido zonas que históricamente votan por sus opositores. En ese caso, el uso del miedo fue eficaz para manipular al electorado. Como EE.UU. no dispone de un sistema electoral directo, sino de segundo grado, es decir, donde la población no vota directamente por su candidato sino por colegios electorales, Frank pudo aprovechar ese sistema para hacerse con la suya y conseguir un escenario inédito: ningún candidato alcanzó los votos suficientes, lo que deja la elección presidencial a manos del Congreso. Para hacer la historia corta, y entre algunas artimañas subsiguientes, Frank se hizo con la presidencia a pesar de perder.

[FIN DEL SPOILER ALERT SOBRE HOUSE OF CARDS]

Yo me voy a atrever a hacer la pregunta que nadie se quiere hacer: ¿Las elecciones son realmente "expresión de la voluntad popular"? De hecho, los ejemplos recientes, como el Brexit, Trump, el plebiscito en Colombia, las elecciones regionales en Venezuela, nos indican que muchas veces los resultados electorales no reflejan para nada el sentir popular, sino que son sólo un juego de suma cero que consiste en empujar más fuerte que el otro para ganar.

En el caso del Brexit, quienes tomaron la decisión fueron las personas mayores quienes añoran el pasado imperialista de Gran Bretaña, que no son la mayoría. En el caso Trump, quienes lo eligieron fueron los estúpidos hombres blancos de los que una vez habló Michael Moore, que no son la mayoría del país. En el caso colombiano, quienes eligieron fueron los citadinos por encima de los campesinos, siendo estos últimos los que realmente viven y sufren la guerra interna. Ninguno fueron resultados que se puedan considerar representativos de la voluntad popular.

El caso venezolano se merece su propio párrafo, dada la similitud con House of Cards. En Venezuela gana el oficialismo por diversas razones: una de ellas fue la incongruencia del liderazgo opositor, el desánimo de las bases opositoras tras 4 meses de furia que no consiguió nada, pero también las terribles condiciones electorales impuestas desde el Gobierno. De hecho, mi centro electoral fue reubicado, supuestamente por posibles hechos de violencia, según el Consejo Nacional Electoral. Sin embargo, justo frente a mi centro electoral habitual, hay otro centro, que se mantuvo abierto como si nada. De existir hechos violentos, ¿Por qué no cerraron ambos centros? Porque la intención era incidir en la votación, específicamente en zonas que habitualmente votan contra el gobierno. A ello se le puede sumar el uso bandas paramilitares para asustar votantes, la inhabilitación de políticos populares, amedrentar con eliminar subsidios y suministros de alimentos en un país de gran escasez, no sólo de comida sino de ética. Así fue como el gobierno ganó 18 de 23 gobernaciones, a pesar de no contar con la aprobación de la mayoría de la población.

En todos los casos, los medios de comunicación han dicho que los grandes perdedores han sido las encuestadoras, pero yo creo que hay un problema de enfoque: las encuestas, aunque no son perfectas, tienen menos sesgos que una elección, siendo que a la hora de votar una persona se ve influenciada por muchos factores, mientras que una simple pregunta del encuestador te permite responder con mayor libertad, sin presiones externas y mayor honestidad.

Con ello no quiero decir que debamos acudir a las encuestadoras para elegir representantes o tomar decisiones políticas, sino presentar una verdadera falencia del absurdo sistema político actual. De hecho, aunque ya estaba convencido, cada vez estoy más seguro que la solución no se encuentra en "liderazgos", sino en nosotros mismos: No hay nada que una comunidad organizada no pueda hacer mejor que un gobierno, con excepción de la guerra. Cada vez me convenzo más de que la vía es la anarquía.
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